sábado, 14 de agosto de 2010

Lluvia

En estos momentos llueve sobre Barcelona. A mí no me entristece la lluvia: me gusta. Sobre todo, cuando se acompaña del resplandor anaranjado con el que el alumbrado público tiñe las noches de la ciudad.

Una de mis actividades favoritas es salir a la terraza cuando llueve, bajar el toldo y agazaparme en la oscuridad, mirando el ir y venir de la gente; escuchando el chapoteo suave del agua. He llegado a convertir la terraza en una suerte de dormitorio improvisado, para disfrutar más de noches como la de hoy.

Alguien debería explicarme esta querencia casi patológica por la lluvia, la penumbra, el color gris y los desengaños amorosos. Probablemente tengan alguna relación, pero no soy capaz de encontrarla.
A veces he pensado que mi predilección por las cosas escasamente alegres es indispensable para escribir poesía, pero me consuela poco la idea.

Si me dieran a elegir entre una de mis aficiones tristes y una caricia, dudaría, o tal vez no, pero que me lo plantee no deja de sorprenderme después de cuarenta y cinco años.

Esta mañana me he dado cuenta de que la posibilidad de enamorarme, me da miedo. Ya sé que he dicho que tengo querencia patológica por los desengaños amorosos, pero la posibilidad de enamorarme me da miedo, como el dolor, sin más. Será cosa de la edad, cuanto más mayor, más miedoso. Aunque el desengaño posterior sea una inagotable fuente de inspiración poética y escribir poesía sea la mejor terapia que conozco para aplacar mis muchas rarezas.

Voy a prepararme una manta fina para pasar la noche en la terraza: el ruido de la lluvia aclara las ideas y espanta algunos miedos. No todos.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Juramento hipocrático



Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Higía y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que éste mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento. A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mantenimiento y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo.
Instruiré por precepto, por discurso y en todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos del que me enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento y estipulación, de acuerdo con la ley médica, y no a otras personas.
Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror. A nadie daré una droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer pesarios abortivos. Pasaré mi vida y ejerceré mi arte en la inocencia y en la pureza.
No cortaré a nadie ni siquiera a los calculosos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica. A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos.
Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deban ser públicos, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas.
Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro.


Doy fe del poco valor que tienen estas palabras para algunos médicos, que no han entendido el carácter de su ciencia...ni quieren entenderlo, hasta producir la náusea. A algunas profesiones sagradas, como las de médico o maestro, no debería llegarse sino después de haber superado los más altos y estrictos requisitos de exigencia moral.

( El texto del juramento y la fotografía del busto de Hipócrates, proceden de Wikipedia)

domingo, 8 de agosto de 2010

Poesía - Jorge Arbenz

A veces
tiemblo hasta despertarme
es tan oscura la noche
que me deslumbra Y
tiemblo hasta despertarme

Tu ausencia es tan clara
que tiemblo hasta despertarme
el silencio me aturde Y
tiemblo hasta despertarme

A veces
los versos se agitan inquietos
y tiemblo hasta despertarme

martes, 3 de agosto de 2010

La reina de África ( John Houston - 1951)


Durante la Primera Guerra Mundial, el capitán de una destartalada barca fluvial - Humphrey Bogart-, tiene que llevar a una misionera puritana - Katharine Hepburn- a través de la región de los grandes lagos, en África Central, para escapar de las tropas alemanas.Durante el largo y accidentado viaje, surgirá el amor entre estos dos personajes antagónicos.

Una de las mejores películas del maestro John Houston, que contó con la complicidad de su amigo Bogart, deslumbrante en su papel de marino alcohólico y perdedor. Katharine Hepburn borda su papel de mujer reprimida por sus creencias religiosas.
La película alterna de escenas de gran tensión, como la del descenso por los rápidos, con algunos de los más chispeantes diálogos de la historia del cine, que los actores convierten en inolvidables.
Fue una película rodada en gran parte en escenarios naturales, de los que Bogart renegó durante todo el rodaje, a diferencia de la Hepburn, que adoraba los paisajes africanos.

El guión de la película, de James Agee, es una joya de la literatura cinematográfica, que Houston dirigió con todo su talento, a la altura de "El hombre que pudo reinar", "El halcón maltés" o "Dublineses".
La interpretación de los protagonistas, Oscar para Bogart, es de las que deben estudiarse en una escuela de interpretación.

Otra de las cosas que distinguen a la película es su rico anecdotario: Se dice que ni Bogart ni Houston enfermaron de disentería, a diferencia del resto del equipo, porque en ningún momento bebieron otra cosa que no fuera whisky. Hepburn tuvo que aguantar las numerosas bromas que Houston y Bogart le gastaban, en relación con su obsesión por la limpieza.

La última leyenda de Hollywood, Clint Eastwood. utilizó el rodaje de la "Reina de África" como argumento para rodar una de sus mejores películas: "Cazador blanco, corazón negro".

En suma, una película que tanto por su irreprochable factura técnica, como por las anteriores anécdotas, me permito recomendar con una cierta insistencia . No se la pierdan.

domingo, 1 de agosto de 2010

Breve

- ¿ Sabe usted qué fue en su vida anterior?
- Sí, fui rata de cloaca.
- Ah, pues bueno, esto...entonces casi que dejemos correr la técnica adivinatoria de las runas egipcias.
- Como quiera.