«General, vigile a su hija: ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo aún estaba de pie». Phillip Marlowe.
jueves, 19 de enero de 2012
lunes, 16 de enero de 2012
La calle es mía
La muerte de Manuel Fraga Iribarne, leal servidor de un golpista genocida y uno de los políticos de más larga actividad de toda Europa, ha servido para dejar al descubierto buena parte de las vergüenzas de la Transición. Ésta no fue otra cosa que un acuerdo entre élites, para establecer un espacio político en el que todos sus miembros tuvieran cabida, disfrutando de privilegios que debían financiarse privando, al conjunto de los ciudadanos, de un verdadero progreso material y social; el que equiparase a España con los países más avanzados de su entorno. Aquel "modelo escandinavo" tantas veces nombrado, en vano, en los primeros años de la Transición - aquellos en los que la ciudadanía pensaba que la verdadera libertad era posible-.
Ahora sabemos que aquel proceso político, que nos quisieron hacer creer ejemplar, fue una gran mentira: los acuerdos que dieron forma política a la Transición no salen de las constituyentes de 1978, salen de los pactos de La Moncloa de 1977, que certifican un modelo económico basado en la precarización constante de las condiciones laborales de los trabajadores, como medio para controlar la inflación y asegurar el crecimiento económico, dogmas de la derecha triunfante, ahora llamada neoliberal. Este modelo perverso había de servir para que la oligarquía del régimen no perdiera ni uno solo de sus inmensos privilegios, simplemente debería compartir, algunos de ellos, con los advenedizos que mal formaban la llamada "oposición en la clandestinidad".
Los pactos se produjeron, como los acuerdos constitucionales, bajo la mirada de los generales al mando del ejército del 18 de julio, el que había acabado con la débil e idealista República - cuya legitimidad y dignidad reivindico sin matices, pese a todos los errores que cometieron sus gobiernos, que no fueron pocos-.
Quién no recuerda expresiones siniestras como " ruido de sables", o aquellos ejercicios de prestigio y necesidad que eran las invitaciones a los generales de peso, a la mesas más importantes del país. Por no hablar de las extrañas maniobras que determinadas unidades, acuarteladas en torno a Madrid, realizaban sin más orden que la del general al mando de las mismas. En esos huertos y no en otros se cultivó la Transición.
Manuel Fraga, el ministro reformista del dictadura, como gustaba presentarse, fue una pieza esencial del engaño. Con esto admito que, sin Fraga, la Transición que conocimos no hubiera podido llevarse a cabo - tampoco sin Santiago Carrillo, otra figura siniestra por la que ya no podemos preguntar a Jorge Semprún- pero tal vez otra sí, tal vez mejor para los intereses del conjunto de la ciudadanía.
Puedo entender perfectamente el dolor de los familiares y allegados a Fraga por su muerte, sé lo que es perder a un padre, como tantos otros, y respeto el dolor ajeno. Pero este legítimo y comprensible dolor también era el de las familias de Julián Grimau, de Enrique Ruano, de los obreros asesinados por la policía en la iglesia de San Francisco de Asís, en Vitoria-Gasteiz. Fraga tenía las manos manchadas de sangre y su supuesta reconversión a la fe democrática no es suficiente para dejar de considerarle otra cosa que un canalla.
Cuando leo y escucho todas las hagiografías, a cargo de periodistas y políticos, solo puedo sentir vergüenza. Vergüenza y rabia porque seguimos en manos de los mismos amos, seguimos gritando aquello de " ¡ Vivan las caenas!". Siento vergüenza y rabia porque la dimensión del engaño al pueblo y la cantidad de gente que de él se ha beneficiado, a expensas de sus compatriotas, son enormes. Y no somos capaces de decir basta.
Ahora sabemos que aquel proceso político, que nos quisieron hacer creer ejemplar, fue una gran mentira: los acuerdos que dieron forma política a la Transición no salen de las constituyentes de 1978, salen de los pactos de La Moncloa de 1977, que certifican un modelo económico basado en la precarización constante de las condiciones laborales de los trabajadores, como medio para controlar la inflación y asegurar el crecimiento económico, dogmas de la derecha triunfante, ahora llamada neoliberal. Este modelo perverso había de servir para que la oligarquía del régimen no perdiera ni uno solo de sus inmensos privilegios, simplemente debería compartir, algunos de ellos, con los advenedizos que mal formaban la llamada "oposición en la clandestinidad".
Los pactos se produjeron, como los acuerdos constitucionales, bajo la mirada de los generales al mando del ejército del 18 de julio, el que había acabado con la débil e idealista República - cuya legitimidad y dignidad reivindico sin matices, pese a todos los errores que cometieron sus gobiernos, que no fueron pocos-.
Quién no recuerda expresiones siniestras como " ruido de sables", o aquellos ejercicios de prestigio y necesidad que eran las invitaciones a los generales de peso, a la mesas más importantes del país. Por no hablar de las extrañas maniobras que determinadas unidades, acuarteladas en torno a Madrid, realizaban sin más orden que la del general al mando de las mismas. En esos huertos y no en otros se cultivó la Transición.
Manuel Fraga, el ministro reformista del dictadura, como gustaba presentarse, fue una pieza esencial del engaño. Con esto admito que, sin Fraga, la Transición que conocimos no hubiera podido llevarse a cabo - tampoco sin Santiago Carrillo, otra figura siniestra por la que ya no podemos preguntar a Jorge Semprún- pero tal vez otra sí, tal vez mejor para los intereses del conjunto de la ciudadanía.
Puedo entender perfectamente el dolor de los familiares y allegados a Fraga por su muerte, sé lo que es perder a un padre, como tantos otros, y respeto el dolor ajeno. Pero este legítimo y comprensible dolor también era el de las familias de Julián Grimau, de Enrique Ruano, de los obreros asesinados por la policía en la iglesia de San Francisco de Asís, en Vitoria-Gasteiz. Fraga tenía las manos manchadas de sangre y su supuesta reconversión a la fe democrática no es suficiente para dejar de considerarle otra cosa que un canalla.
Cuando leo y escucho todas las hagiografías, a cargo de periodistas y políticos, solo puedo sentir vergüenza. Vergüenza y rabia porque seguimos en manos de los mismos amos, seguimos gritando aquello de " ¡ Vivan las caenas!". Siento vergüenza y rabia porque la dimensión del engaño al pueblo y la cantidad de gente que de él se ha beneficiado, a expensas de sus compatriotas, son enormes. Y no somos capaces de decir basta.
sábado, 14 de enero de 2012
Poesía - Jorge Arbenz
Anoche no quise escribir
porque me perseguían
las metáforas y no le hacían justicia
Aunque algunas por sí
mismas tenían interés sentimental
Por ejemplo
Su pubis me recibe expuesto como un
jardín de estrellas
Pero no puedo decir que
genéricamente
me gusten Y menos cuando no le
hacen justicia Una tarde pensé en ella
sin intermediarios ni figuras literarias
y escribí esto
Los días a su lado son dulces y púrpuras
como el primer beso
He escrito una carta a quién corresponda
para que en los cristales de nuestra ventana se
mire la Luna y nadie nos moleste hasta
el fin del mundo
Que llegará indefectiblemente un lunes por
la mañana
Las prisas me gustan menos que las
metáforas porque me alejan de ella
Alejarme de ella me gusta menos que nada
Mientras desayuno escribo en la servilleta
todos los versos riman con su boca
Y su cuerpo hace de mí un prisionero
entusiasta
porque me perseguían
las metáforas y no le hacían justicia
Aunque algunas por sí
mismas tenían interés sentimental
Por ejemplo
Su pubis me recibe expuesto como un
jardín de estrellas
Pero no puedo decir que
genéricamente
me gusten Y menos cuando no le
hacen justicia Una tarde pensé en ella
sin intermediarios ni figuras literarias
y escribí esto
Los días a su lado son dulces y púrpuras
como el primer beso
He escrito una carta a quién corresponda
para que en los cristales de nuestra ventana se
mire la Luna y nadie nos moleste hasta
el fin del mundo
Que llegará indefectiblemente un lunes por
la mañana
Las prisas me gustan menos que las
metáforas porque me alejan de ella
Alejarme de ella me gusta menos que nada
Mientras desayuno escribo en la servilleta
todos los versos riman con su boca
Y su cuerpo hace de mí un prisionero
entusiasta
jueves, 12 de enero de 2012
Notas de un blogger ( ligeritas)
1.- Esto está fatal, oiga.
2.- La luz de esta tarde era claramente otoñal. Las ciudades - casi todas las que conozco- tienen una textura y un color especiales en otoño.
3.- Groucho Marx a La Moncloa, ¡ ahora!
4.- Hay un señor mayor meando en la puerta de casa.
5.- Una señora reprende al señor de arriba ( que no deja de mear)
6.- Bostezo terriblemente.
7.- El señor ha dejado de mear; la señora no ha dejado de reprender. Se ha olvidado el principio de proporcionalidad de la pena.
8.- Los del PP mienten como bellacos; los del PSOE no quieren debates internos.
9.- No hay nada como un buen calambre para recordar lo lejana que queda la juventud.
10.- No voy a mirar la tele porque hay cosas más interesantes que hacer ( leer, escribir, masturbarse)
11.- Definitivamente hay una conspiración en la tele para que no haga dieta, pero se van a joder las teles.
12.- Doce
13.- Tr..., tre...esto, eeeh, bueeeno, reutilizo la nota 6
14.- ¡ Se me han quedado los pies fríos!
15.- El Plan Bolonia ha fracasado. Lo ha dicho el ministro Wert.
16.- Mirando pecas.
17.- Mirando Twitter
18.- Cerrando notas
19.- Hablemos de cosas serias...otro día.
2.- La luz de esta tarde era claramente otoñal. Las ciudades - casi todas las que conozco- tienen una textura y un color especiales en otoño.
3.- Groucho Marx a La Moncloa, ¡ ahora!
4.- Hay un señor mayor meando en la puerta de casa.
5.- Una señora reprende al señor de arriba ( que no deja de mear)
6.- Bostezo terriblemente.
7.- El señor ha dejado de mear; la señora no ha dejado de reprender. Se ha olvidado el principio de proporcionalidad de la pena.
8.- Los del PP mienten como bellacos; los del PSOE no quieren debates internos.
9.- No hay nada como un buen calambre para recordar lo lejana que queda la juventud.
10.- No voy a mirar la tele porque hay cosas más interesantes que hacer ( leer, escribir, masturbarse)
11.- Definitivamente hay una conspiración en la tele para que no haga dieta, pero se van a joder las teles.
12.- Doce
13.- Tr..., tre...esto, eeeh, bueeeno, reutilizo la nota 6
14.- ¡ Se me han quedado los pies fríos!
15.- El Plan Bolonia ha fracasado. Lo ha dicho el ministro Wert.
16.- Mirando pecas.
17.- Mirando Twitter
18.- Cerrando notas
19.- Hablemos de cosas serias...otro día.
miércoles, 11 de enero de 2012
Rajoy
La llegada al poder del PP ha supuesto el enfriamiento del clima político, ya que no puede utilizar contra la oposición las tácticas infames que utilizaba contra el gobierno. Sin cabeza de turco que cortar, los conservadores han quedado en evidencia: toman las mismas medidas que los neoliberales del PSOE y muestran ante Merkel igual o mayor vasallaje.
Hay una cosa, en este gobierno que tan bien sabía lo que tenía que hacer para sacarnos de la crisis, que lo hace esencialmente peor que el anterior: la persona que lo preside. José Luis Rodríguez Zapatero era un incompetente que se creía su papel de icono de la izquierda, pero, esa convicción le llevó a comportarse con un respeto hacia los medios de comunicación, singularmente los públicos, que no se recordaba aquí desde los tiempos de Calvo Sotelo, ese señor de derechas de toda la vida, que aburría a los muertos, pero con un sentido exquisito de las formas en un gobernante.
Lejos del ejemplo de sus antecesores, Rajoy no cree que deba contestar a las preguntas de los periodistas, supongo que como lo creen los periodistas que van a conferencias de prensa sin preguntas. Tampoco cree el presidente que deba comparecer, en sede parlamentaria, para explicar los durísimos recortes en derechos sociales que van a sufrir los españoles - como hacen con las hemorroides, por cierto, en silencio-.
Vivimos en una democracia plagada de imperfecciones, que se cinceló con el silencio de las aisladas élites políticas de la izquierda y la apatía, inducida por el miedo, de buena parte de la ciudadanía. La clase politica surgida de ese proceso fallido ha resultado corrupta, cobarde y servil con los poderosos. Mariano Rajoy es un ejemplo claro del tipo de títeres que permiten los grandes poderes, en las presidencias de los poderes ejecutivos europeos. Simplemente es eso, aunque en él se dan circunstancias agravantes como la vacuidad de sus propuestas y la indigencia intelectual que caracteriza "a un señor de provincias como Dios manda", definición acuñada por el propio Rajoy para regocijo de su fieles, en particular, y de toda la gente que quiere ser como Dios manda, en general. Que en España es mucha.
Hay una cosa, en este gobierno que tan bien sabía lo que tenía que hacer para sacarnos de la crisis, que lo hace esencialmente peor que el anterior: la persona que lo preside. José Luis Rodríguez Zapatero era un incompetente que se creía su papel de icono de la izquierda, pero, esa convicción le llevó a comportarse con un respeto hacia los medios de comunicación, singularmente los públicos, que no se recordaba aquí desde los tiempos de Calvo Sotelo, ese señor de derechas de toda la vida, que aburría a los muertos, pero con un sentido exquisito de las formas en un gobernante.
Lejos del ejemplo de sus antecesores, Rajoy no cree que deba contestar a las preguntas de los periodistas, supongo que como lo creen los periodistas que van a conferencias de prensa sin preguntas. Tampoco cree el presidente que deba comparecer, en sede parlamentaria, para explicar los durísimos recortes en derechos sociales que van a sufrir los españoles - como hacen con las hemorroides, por cierto, en silencio-.
Vivimos en una democracia plagada de imperfecciones, que se cinceló con el silencio de las aisladas élites políticas de la izquierda y la apatía, inducida por el miedo, de buena parte de la ciudadanía. La clase politica surgida de ese proceso fallido ha resultado corrupta, cobarde y servil con los poderosos. Mariano Rajoy es un ejemplo claro del tipo de títeres que permiten los grandes poderes, en las presidencias de los poderes ejecutivos europeos. Simplemente es eso, aunque en él se dan circunstancias agravantes como la vacuidad de sus propuestas y la indigencia intelectual que caracteriza "a un señor de provincias como Dios manda", definición acuñada por el propio Rajoy para regocijo de su fieles, en particular, y de toda la gente que quiere ser como Dios manda, en general. Que en España es mucha.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
