Me pasa con frecuencia, cada vez con más: miro a un espejo y me sorprendo, porque espero ver a un chaval de unos veinte años, pero estoy yo.
Hace un par de días, en el metro, el cristal de una puerta me puso frente a mí. El túnel era largo y estaba iluminado, me dio por pensar que aquellas luces que huían eran los años de mi vida. Incluso me dije , como casi siempre hago, que escribiría un poema a lomos de esas imágenes, pero no ha sido así. A mí lado, frente al cristal de la otra hoja de la puerta, había una chica de unos quince años tan guapa que me hizo sentir culpable. Otro motivo para odiar a Sánchez-Dragó, pero como trato de explicar el tiempo pasa demasiado deprisa.
Cuando este verano el deseo me alanceaba, volví a comprobar mi torpeza y tendencia genética al pesimismo. Será mejor así, pienso, aunque no esté muy convencido - a los tímidos nos cuesta convencernos de las cosas-. Escribí, para aliviarme: "Hay puertas que es mejor no abrir" - o tal vez es malo no abrir las puertas, añado ahora sin convicción-.
Ayer estuve en la presentación del libro de Raúl Ariza "Elefantiasis", un libro excelente en todos los sentidos, si se me permite decirlo aunque el editor es amigo mío y lo será el autor - porque de Raúl no creo que se pueda ser otra cosa que amigo, salvo que uno sea abogado de la parte contraria, y aun así-.
Durante el acto tuve en todo momento la sensación de que aquel era mi mundo, aunque sea yo autor de un sólo libro, es más, aunque no hubiera escrito jamás en la vida una palabra, hubiera tenido la sensación de que aquel era mi mundo: desde siempre he sentido un respeto reverencial por la palabra y por sus orfebres.
Será que estoy pasando un mal momento en el trabajo, seguramente será eso, porque estoy acostumbrado a los trabajos de mierda, pero no me importaría nada vivir de la literatura, aunque eso no acabe de encajar en la rídicula idea que yo tengo de la pureza creadora y ayer, escuchando alguna conversación suelta, tuve la sensación que la literatura es la única vía de escape que me queda.
«General, vigile a su hija: ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo aún estaba de pie». Phillip Marlowe.
sábado, 30 de octubre de 2010
martes, 26 de octubre de 2010
domingo, 24 de octubre de 2010
Mininotas
1.- Hoy he soñado con una bloguera, Luna Carmesí, a la que jamás he visto. Es más, desapareció de la blogosfera hace tiempo...y yo he cenado esta noche con ella, su marido, una amiga y tres niños insoportables.
2.- Zapatero ha hecho desaparecer dos ministerios que se pretendían estandartes de su "socialismo", las titulares se enteraron con veinticuatro horas de antelación - y por teléfono-. Ni Bibiana Aído, ni Beatriz Corredor, con independencia de la valoración política que se hiciera de su gestión, merecían volver a modos tan parecidos a los del " motorista de El Pardo".
3.- Se inicia la campaña de vacunación de la gripe sin que a los laboratorios farmacéuticos les haya dado tiempo a inventarse nada para sacar más dinero al Estado.
4.- He vuelto a ponerme manta, ¡ qué bien! Me gustan las mantas y los tazones grandes de chocolate con nata.
5.- Me parece que en junio nos vuelven a bajar el sueldo: ¡ Viva la Administración!
6.- Me he comido dos merengues con canela.
7.- En Francia entienden la expresión "huelga general" y la llevan a cabo.
8.- No cesa el bombardeo de los propagandistas de la vida sana. Debería hablarse a fondo de todo esto y del negocio que apareja.
9.- La segunda parte de " El silencio de los corderos" me pareció francamente mala. Al menos, la primera tenía momentos entretenidos. Aunque Anthony Hopkins siempre sea un maestro de maestros.
10.- Me duele la espalda a las 8:55 del domingo 24 de octubre, y no es atribuible a la actividad sexual, que siempre es un consuelo para todos los dolores.
2.- Zapatero ha hecho desaparecer dos ministerios que se pretendían estandartes de su "socialismo", las titulares se enteraron con veinticuatro horas de antelación - y por teléfono-. Ni Bibiana Aído, ni Beatriz Corredor, con independencia de la valoración política que se hiciera de su gestión, merecían volver a modos tan parecidos a los del " motorista de El Pardo".
3.- Se inicia la campaña de vacunación de la gripe sin que a los laboratorios farmacéuticos les haya dado tiempo a inventarse nada para sacar más dinero al Estado.
4.- He vuelto a ponerme manta, ¡ qué bien! Me gustan las mantas y los tazones grandes de chocolate con nata.
5.- Me parece que en junio nos vuelven a bajar el sueldo: ¡ Viva la Administración!
6.- Me he comido dos merengues con canela.
7.- En Francia entienden la expresión "huelga general" y la llevan a cabo.
8.- No cesa el bombardeo de los propagandistas de la vida sana. Debería hablarse a fondo de todo esto y del negocio que apareja.
9.- La segunda parte de " El silencio de los corderos" me pareció francamente mala. Al menos, la primera tenía momentos entretenidos. Aunque Anthony Hopkins siempre sea un maestro de maestros.
10.- Me duele la espalda a las 8:55 del domingo 24 de octubre, y no es atribuible a la actividad sexual, que siempre es un consuelo para todos los dolores.
martes, 19 de octubre de 2010
Nihilista/Onanista/Surrealista
Yo no podría recitar un poema adecuadamente: no tengo voz ni entonación. Mis padres no quisieron llevarme a una escuela de arte dramático o al logopeda. Me hubiera gustado una voz como la de Jordi Boixaderas, tan recia. Me hubiera gustado mucho, pero no ha podido ser.
La semana pasada, cuando la nevada, traté de escribir un poema sobre los copos de nieve que pudiera ser recitado en un teatro: era tan malo que lo destruí en el triturador de papeles. No era una cuestión de voz, no, era cuestión de pereza y falta de inspiración, las grandes compañeras de todo el que trata de ser escritor sin esfuerzo.
En un escenario blanco, completamente blanco, deberían llevarse a cabo recitales de poesía de autores desconocidos. Los rapsodas podrían ser estudiantes de logopedia, algún actor en ciernes o en declive y, tal vez, algún que otro filólogo que amase la poesía. Un antiguo matadero municipal, reconvertido en centro cultural, sería el lugar más adecuado para la representación. Los poetas y las poetas, o viceversa, podrían finalizar el espectáculo masturbándose los unos a los otros.
La falta de talento y el insomnio, provocan un acercamiento a las vanguardias o la majadería, disfrazadas de cualquier cosa que plazca a los críticos de Babelia.
Este texto lo publiqué en marzo, pero lo recordé después de una conversación sobre la creación literaria con una devota del oficialismo cultural, que cree firmemente en el arte banalizado, sostenible y de exquisito diseño . Quiero decir con esto, que es de las que cree que Almodóvar es un gran cineasta y Ray Loriga un gran escritor, olvidando a Erice, por ejemplo.
Ha muerto, hace unos días, Miguel Ángel Velasco, el gran poeta mallorquín del que nadie hablaba:
A cuatro días de morir el viejo
Me he ido, solo, a bailar
-a cuatro días, ni uno más ni uno menos-,
a una gruta de esas:
luces estroboscópicas y músicas de trance.
Pensando en el albur
de encontrarme de nuevo a los dos rusas
de la estancia pasada, Ira e Inna,
de una ternura audaz, y repetir
aquello tan conforme de los tres en la cama,
mirándolas beberse en los desmayos
de mi virilidad. Olvídate,
ya no las verás más a Ira e Inna;
recordarás tan sólo, agradecido,
esa lujuria santa.
Mientras ya van tres cápsulas
de Semilanceata,
esos hongos salvajes
que te aceitan las vértebras. Y bailas,
bailas como un poseso
a los treinta y cinco años de tu edad,
con los ojos cerrados,
enhebrado en el ritmo,
multiplicado en brazos y figuras
como un derviche ido.
Contra la muerte bailas, contra la puta muerte,
por ese bulto rígido de tu viejo en el féretro,
por su rostro amarillo.
Si algo quieren que vengan las bacantes,
que se planten delante,
a ver si alguna hay que también baile
contra la muerte hoy,
multiplicándose en fatalidad,
descoyuntada en varias,
haciéndose una lámina vibrante
herida del destino,
puro mimbre... si no
para otra bailaré. Porque esta noche
contra la muerte bailas,
como un fragmento suyo desatado,
como su cola eléctrica, amputada,
de lagarto amarillo.
Mallorca Revisited, de Miguel Ángel Velasco.
La semana pasada, cuando la nevada, traté de escribir un poema sobre los copos de nieve que pudiera ser recitado en un teatro: era tan malo que lo destruí en el triturador de papeles. No era una cuestión de voz, no, era cuestión de pereza y falta de inspiración, las grandes compañeras de todo el que trata de ser escritor sin esfuerzo.
En un escenario blanco, completamente blanco, deberían llevarse a cabo recitales de poesía de autores desconocidos. Los rapsodas podrían ser estudiantes de logopedia, algún actor en ciernes o en declive y, tal vez, algún que otro filólogo que amase la poesía. Un antiguo matadero municipal, reconvertido en centro cultural, sería el lugar más adecuado para la representación. Los poetas y las poetas, o viceversa, podrían finalizar el espectáculo masturbándose los unos a los otros.
La falta de talento y el insomnio, provocan un acercamiento a las vanguardias o la majadería, disfrazadas de cualquier cosa que plazca a los críticos de Babelia.
Este texto lo publiqué en marzo, pero lo recordé después de una conversación sobre la creación literaria con una devota del oficialismo cultural, que cree firmemente en el arte banalizado, sostenible y de exquisito diseño . Quiero decir con esto, que es de las que cree que Almodóvar es un gran cineasta y Ray Loriga un gran escritor, olvidando a Erice, por ejemplo.
Ha muerto, hace unos días, Miguel Ángel Velasco, el gran poeta mallorquín del que nadie hablaba:
A cuatro días de morir el viejo
Me he ido, solo, a bailar
-a cuatro días, ni uno más ni uno menos-,
a una gruta de esas:
luces estroboscópicas y músicas de trance.
Pensando en el albur
de encontrarme de nuevo a los dos rusas
de la estancia pasada, Ira e Inna,
de una ternura audaz, y repetir
aquello tan conforme de los tres en la cama,
mirándolas beberse en los desmayos
de mi virilidad. Olvídate,
ya no las verás más a Ira e Inna;
recordarás tan sólo, agradecido,
esa lujuria santa.
Mientras ya van tres cápsulas
de Semilanceata,
esos hongos salvajes
que te aceitan las vértebras. Y bailas,
bailas como un poseso
a los treinta y cinco años de tu edad,
con los ojos cerrados,
enhebrado en el ritmo,
multiplicado en brazos y figuras
como un derviche ido.
Contra la muerte bailas, contra la puta muerte,
por ese bulto rígido de tu viejo en el féretro,
por su rostro amarillo.
Si algo quieren que vengan las bacantes,
que se planten delante,
a ver si alguna hay que también baile
contra la muerte hoy,
multiplicándose en fatalidad,
descoyuntada en varias,
haciéndose una lámina vibrante
herida del destino,
puro mimbre... si no
para otra bailaré. Porque esta noche
contra la muerte bailas,
como un fragmento suyo desatado,
como su cola eléctrica, amputada,
de lagarto amarillo.
Mallorca Revisited, de Miguel Ángel Velasco.
sábado, 16 de octubre de 2010
Poesía - Jorge Arbenz
Nunca me darán el Adonais
porque soy aburrido pálido Me
distraigo por la calle visto mal no
llevo chalecos de bohemio Y mi
trabajo es una mierda
Si una periodista tratase de
entrevistarme me interesarían más
sus bragas que otra cosa A ella
no le interesaría nada Nunca
me darán el Adonais o una palmada
en la espalda porque no salgo
por la noche me gusta la escenografía
católica Vivo en Barcelona
que a la poesía es como Cuenca
Me masturbo demasiado Tomo
infusiones de valeriana sudo
No hablo idiomas Me callo
siempre me callo El silencio
es un cuchillo en mi garganta
se atoran las palabras
Yo luego las escribo y me callo
Nunca me darán el Adonais y
me gusta Clara Lago que nació
cuando cumplía yo los veintiséis
años
porque soy aburrido pálido Me
distraigo por la calle visto mal no
llevo chalecos de bohemio Y mi
trabajo es una mierda
Si una periodista tratase de
entrevistarme me interesarían más
sus bragas que otra cosa A ella
no le interesaría nada Nunca
me darán el Adonais o una palmada
en la espalda porque no salgo
por la noche me gusta la escenografía
católica Vivo en Barcelona
que a la poesía es como Cuenca
Me masturbo demasiado Tomo
infusiones de valeriana sudo
No hablo idiomas Me callo
siempre me callo El silencio
es un cuchillo en mi garganta
se atoran las palabras
Yo luego las escribo y me callo
Nunca me darán el Adonais y
me gusta Clara Lago que nació
cuando cumplía yo los veintiséis
años
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