Irremediablemente se
irán
los paisajes los museos las canciones las películas
los poemas los olores
de cuerpos de frutas o arroces
los días preferidos
frescos grises lluviosos cerca del mar cerca
de ti o de ella A veces
Barcelona Donostia Granada Madrid unos momentos en París
Cierro los ojos y escarbo incrédulo en la memoria
más
nostálgico que triste o asustado
En quinientos millones de años todo habrá acabado y
no debería inquietarme pero
desde que lo sé
no duermo
quiero penumbra y abrazos
«General, vigile a su hija: ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo aún estaba de pie». Phillip Marlowe.
domingo, 14 de septiembre de 2014
jueves, 4 de septiembre de 2014
lunes, 1 de septiembre de 2014
Pobrecica Jen
Jennifer Lawrence, futura madre de mis hijos número 311, me ha dicho, realmente enfadada, que sí a ella le han socializado fotos íntimas (de las que, por cierto, no me había dicho nada) a Pujol deberían socializarle la herencia de papá (de la que, por cierto, no había dicho nada a su hermana)
miércoles, 27 de agosto de 2014
Alter Ego - Cesare Pavese
Dal mattino alla sera vedevo il tatuaggio
sul suo petto setoso: una donna rossastra
fitta, come in un prato, nel pelo. Là sotto
rugge a volte un tumulto, che la donna sussulta.
La giornata passava in bestemmie e silenzi.
Se la donna non fosse un tatuaggio, ma viva
aggrappata sul petto peloso, quest'uomo
muggirebbe più forte, nella piccola cella.
Occhi aperti, disteso nel letto taceva.
Un respiro profondo di mare saliva
dal suo corpo di grandi ossa salde: era steso
come sopra una tolda. Pesava sul letto
come chi s'è svegliato e potrebbe balzare.
li suo corpo, salato di schiuma, grondava
un sudore solare. La piccola cella
non bastava all'ampíezza d'una sola sua occhiata.
A vedergli le mani si pensava alla donna.
Desde la mañana al ocaso, yo veía el tatuaje
en su pecho sedoso: una mujer rojiza
incrustada, como en un prado, entre el pelo. Allí debajo
brama a veces un tumulto que sobresalta a la mujer.
Transcurría el día entre blasfemias y silencios.
Si la mujer no fuese un tatuaje y estuviese viva
y aferrada a su pecho peludo, ese hombre
bramaría más fuerte en su pequeña celda.
Callaba, tendido en el lecho, con los ojos abiertos.
Un profundo hálito de mar ascendía
de su cuerpo de huesos grandes y recios: estaba tendido
al igual que en cubierta. Pesaba sobre el lecho
como quien ha despertado y podría saltar de él.
Su cuerpo, salado por la espuma, chorreaba
un sudor solar. La pequeña celda
era insuficiente para el alcance de una mirada suya.
Al verle las manos, se pensaba en la mujer.
Traducción de Carles José i Solsona
sul suo petto setoso: una donna rossastra
fitta, come in un prato, nel pelo. Là sotto
rugge a volte un tumulto, che la donna sussulta.
La giornata passava in bestemmie e silenzi.
Se la donna non fosse un tatuaggio, ma viva
aggrappata sul petto peloso, quest'uomo
muggirebbe più forte, nella piccola cella.
Occhi aperti, disteso nel letto taceva.
Un respiro profondo di mare saliva
dal suo corpo di grandi ossa salde: era steso
come sopra una tolda. Pesava sul letto
come chi s'è svegliato e potrebbe balzare.
li suo corpo, salato di schiuma, grondava
un sudore solare. La piccola cella
non bastava all'ampíezza d'una sola sua occhiata.
A vedergli le mani si pensava alla donna.
Desde la mañana al ocaso, yo veía el tatuaje
en su pecho sedoso: una mujer rojiza
incrustada, como en un prado, entre el pelo. Allí debajo
brama a veces un tumulto que sobresalta a la mujer.
Transcurría el día entre blasfemias y silencios.
Si la mujer no fuese un tatuaje y estuviese viva
y aferrada a su pecho peludo, ese hombre
bramaría más fuerte en su pequeña celda.
Callaba, tendido en el lecho, con los ojos abiertos.
Un profundo hálito de mar ascendía
de su cuerpo de huesos grandes y recios: estaba tendido
al igual que en cubierta. Pesaba sobre el lecho
como quien ha despertado y podría saltar de él.
Su cuerpo, salado por la espuma, chorreaba
un sudor solar. La pequeña celda
era insuficiente para el alcance de una mirada suya.
Al verle las manos, se pensaba en la mujer.
Traducción de Carles José i Solsona
lunes, 25 de agosto de 2014
Body Heat (Lawrence Kasdan -1981)
En 1981 se produjo el feliz debut en el cine de Kathleen Turner, una actriz y modelo desconocida que recogió, por muy poco tiempo, la herencia de las divas del cine clásico americano. Su Matty Walker ha pasado a la historia del séptimo arte como una de sus grandes "femme fatale"; de la misma manera que el necio abogado Ned Racine, soberbio William Hurt, es uno de los grandes perdedores del género. Una película absolutamente inolvidable, una de las últimas obras maestras del cine negro.
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