El pasado sábado se jugó la final de Copa del Rey entre el Athletic de Bilbao y el FC Barcelona, una tradición no tan reciente, como podrían pensar los más jóvenes. Sí es más reciente, en cambio, la costumbre de silenciar el himno español con una sonora pitada a cargo de las dos aficiones.
A partir de este hecho, se ha levantado una absurda polémica sobre el valor moral que deben tener los símbolos nacionales (¿de qué nación?) y el respeto debido o la protección jurídica del que ese supuesto valor les hace acreedores.
Personalmente, no siento ningún respeto por más símbolos nacionales que los austrohúngaros y la bandera republicana española. Mi criterio para sostener este posición es, como corresponde, una pura incoherencia anclada en las entrañas y alejada de la razón. Así sucede siempre con todos y cada uno de nosotros, es absurdo tratar de racionalizar la patria y los símbolos que la representan, precisamente porque su función es la excitar los ánimos y crear estados de una cierta inconsciencia colectiva.
Nadie duda, a estas alturas, que las patrias han sido el mejor invento de las clases dominantes para convencer a las dominadas de que existe algo compartido por todos en igualdad de condiciones, y que además es más importante que cualquier otra cosa que los menos favorecidos, en casi todos los sentidos, puedan imaginarse. No tenían otra manera los primeros de convencer a los segundos para que fueran a luchar por sus privilegios, incluso a costa de perder la vida. La vidas, sobre todo las de los pobres, serían algo de importancia mucho menor que las patrias, sobre todo las de los ricos.
El sistema de equilibrios entre importancias es exactamente el mismo en la guerra y en el fútbol, con una diferencia esencial, afortunadamente, en el número de muertos. Pero, a partir de ahí, solo encontramos coincidencias: lo único que importa es ganar la contienda, y si esta es contra el más poderoso de los enemigos, o el que más antipatías despierta entre los nuestros, mucho mejor. Para ganar, atendiendo a las diferentes épocas y circunstancias sociopolíticas, vale todo o casi todo: tener la bomba atómica en 1945 o tener a Messi en 2015. No olvidemos que también se reconoce como inevitable la vejación del enemigo, algo que dice muchas cosas de nuestro supuesto progreso social.
Resulta sorprendente, por otro lado, comprobar la gran cantidad de idiotas que podemos encontrar entre los generales y los héroes de ambas actividades . Hablo de ese tipo de idiotas que solo toleramos porque nos hacen felices cuando desarrollan y ejercitan su única habilidad.
Acabo. Todos aquellos que se rasgan las vestiduras y se mesan los cabellos por ver menospreciada su patria o su equipo, lo hacen siempre por dos únicos motivos: porque no creen que haya cosas más importantes (la educación, la poesía, el amor, los efectos de los rayos gamma sobre las margaritas, la sanidad, la cultura, la justicia, la larga agonía de los peces fuera del agua, etc.) y, también, porque atizar el odio al enemigo exterior tapa los desastres y vergüenzas que provocan la codicia y la incompetencia de las élites, sean estas presidenciales de gobierno o de club. Por último, es perfectamente compatible silbar al himno enemigo y desear arrebatarle sus trofeos más preciados. De hecho, es lo propio.
«General, vigile a su hija: ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo aún estaba de pie». Phillip Marlowe.
martes, 2 de junio de 2015
sábado, 25 de abril de 2015
La confidència - Gabriel Ferrater
La nit no ha deixat llum sinó en els trossos
de gel, que ens repartim i no bevem.
Ens ho farà saber. Fins a la fi
ho hem de saber: com la van violar,
i el corredor del col.legi es tornava
un uad de pedres seques, i els voltors
explotaven, enlaire, com les gotes
de gasolina en els pistons. Hi ha qui
sap sofrir més que els altres. Tots voldríem
sentir-nos fins i junts, fer-nos un feix
de joncs, i arrecerar les blanques medules
sota molta frescor. Pero n'hi ha un
que sofreix més, fins que aixeca el gosset
i l'hi tira a la cara, i ella es vessa
per terra, mollament. Un toll rodó
de bava i pietat d'ella mateixa.
I no hi podem fer res. Hem d'esperar
que algú proposi que ens n'anem.
de gel, que ens repartim i no bevem.
Ens ho farà saber. Fins a la fi
ho hem de saber: com la van violar,
i el corredor del col.legi es tornava
un uad de pedres seques, i els voltors
explotaven, enlaire, com les gotes
de gasolina en els pistons. Hi ha qui
sap sofrir més que els altres. Tots voldríem
sentir-nos fins i junts, fer-nos un feix
de joncs, i arrecerar les blanques medules
sota molta frescor. Pero n'hi ha un
que sofreix més, fins que aixeca el gosset
i l'hi tira a la cara, i ella es vessa
per terra, mollament. Un toll rodó
de bava i pietat d'ella mateixa.
I no hi podem fer res. Hem d'esperar
que algú proposi que ens n'anem.
martes, 21 de abril de 2015
La militancia comunista
En este post que enlazo, escrito por una militante comunista, se condensan buena parte de las causas que hacen del comunismo el noble y zarandeado ideal que he mencionado en otras ocasiones, con la nostalgia propia de mis muy lejanos años de efímera militancia, cuando el "camarada" Rafael Ribó urdía los mimbres de la destrucción del PSUC. Y subrayo: destrucción, no disolución.
A veces, las cosas más aparentemente complejas pueden explicarse con la más sencilla y directa eficacia. Muchos de los que leáis el artículo os identificaréis como me ha pasado a mí, estoy seguro, con las palabras de Marina Pibernat.
¡Salud y República!
A veces, las cosas más aparentemente complejas pueden explicarse con la más sencilla y directa eficacia. Muchos de los que leáis el artículo os identificaréis como me ha pasado a mí, estoy seguro, con las palabras de Marina Pibernat.
¡Salud y República!
domingo, 12 de abril de 2015
miércoles, 25 de marzo de 2015
Solo
Desde la mañana de ayer, los medios de comunicación han llenado páginas y parrillas con información referente a la muerte de un centenar y medio personas en el avión de la compañía de bajo coste Germanwings. Durante horas, han lanzado al aire los lamentos que todos sentíamos, sin la menor duda, por la irreparable pérdida de todas esas personas que, la inmensa mayoría, no conocíamos de nada; fallecidas en una ruta aérea que no usamos, dirigiéndose a una ciudad que muchos ni hemos visitado ni visitaremos.
No teniendo ninguna vinculación referencial con el terrible accidente -terrible, sí, pero ajeno- la prensa se ha lanzado a indicarnos qué debemos sentir para ser unos buenos ciudadanos. Mientras tanto, las redes se llenaban de comentarios ofensivos para los fallecidos según su origen y algunos políticos se afanaban en distinguir entre muertos de nacionalidad española o catalana, por ejemplo. Ya se sabe que, a río revuelto, ganancia de pescadores (y de imbéciles, añado)
Yo no he sentido un especial dolor, sí la que considero natural impresión por la muerte violenta y accidental de miembros de mi especie, que será un reflejo del instinto de supervivencia o algo así. Imagino y entiendo el dolor atroz que devora a sus próximos, a muchos de ellos al menos, pero no lo comparto. No puedo hacerlo.
Horas y horas de programación sustentada en la ausencia de datos:"Dado que no disponemos todavía de datos oficiales, pasamos a hablar sobre las horas previas al accidente de un grupo de estudiantes alemanes..." decían ayer por la tarde en TV3; en un tono similar al de ahora mismo en La Sexta, explicando por enésima vez el entrenamiento de los pilotos a la audiencia y a unos tertulianos por completo ignorantes de la cuestión. A esto se le llama especular con el dolor, algo que periodistas decentes deberían evitar en todo momento.
No quiero olvidar la actitud de políticos como Angela Merkel o Mariano Rajoy, con esas caras compungidas por la muerte aleatoria de algunos de sus ciudadanos, cosa distinta, al parecer, a la muerte de miles a causa de los recortes que ellos impulsan, con plena conciencia de sus consecuencias.
Lo dicho, no he sentido un especial dolor, pero sí una profunda repugnancia por la naturaleza humana.Una vez más.
No teniendo ninguna vinculación referencial con el terrible accidente -terrible, sí, pero ajeno- la prensa se ha lanzado a indicarnos qué debemos sentir para ser unos buenos ciudadanos. Mientras tanto, las redes se llenaban de comentarios ofensivos para los fallecidos según su origen y algunos políticos se afanaban en distinguir entre muertos de nacionalidad española o catalana, por ejemplo. Ya se sabe que, a río revuelto, ganancia de pescadores (y de imbéciles, añado)
Yo no he sentido un especial dolor, sí la que considero natural impresión por la muerte violenta y accidental de miembros de mi especie, que será un reflejo del instinto de supervivencia o algo así. Imagino y entiendo el dolor atroz que devora a sus próximos, a muchos de ellos al menos, pero no lo comparto. No puedo hacerlo.
Horas y horas de programación sustentada en la ausencia de datos:"Dado que no disponemos todavía de datos oficiales, pasamos a hablar sobre las horas previas al accidente de un grupo de estudiantes alemanes..." decían ayer por la tarde en TV3; en un tono similar al de ahora mismo en La Sexta, explicando por enésima vez el entrenamiento de los pilotos a la audiencia y a unos tertulianos por completo ignorantes de la cuestión. A esto se le llama especular con el dolor, algo que periodistas decentes deberían evitar en todo momento.
No quiero olvidar la actitud de políticos como Angela Merkel o Mariano Rajoy, con esas caras compungidas por la muerte aleatoria de algunos de sus ciudadanos, cosa distinta, al parecer, a la muerte de miles a causa de los recortes que ellos impulsan, con plena conciencia de sus consecuencias.
Lo dicho, no he sentido un especial dolor, pero sí una profunda repugnancia por la naturaleza humana.Una vez más.
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