«General, vigile a su hija: ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo aún estaba de pie». Phillip Marlowe.
sábado, 29 de septiembre de 2012
jueves, 27 de septiembre de 2012
domingo, 23 de septiembre de 2012
Testamento - Pablo Neruda
Dejo a los sindicatos
del cobre, del carbón y del salitre
mi casa junto al mar de Isla Negra.
Quiero que allí reposen los maltratados hijos
de mi patria, saqueada por hachas y traidores,
desbaratada en su sagrada sangre,
consumida en volcánicos harapos.
Quiero que al limpio amor que recorriera
mi dominio, descansen los cansados,
se sienten a mi mesa los oscuros,
duerman sobre mi cama los heridos.
Hermano, ésta es mi casa, entra en el mundo
de flor marina y piedra constelada
que levanté luchando en mi pobreza.
Aquí nació el sonido en mi ventana
como en una creciente caracola
y luego estableció sus latitudes
en mi desordenada geología.
Tu vienes de abrasados corredores,
de túneles mordidos por el odio,
por el salto sulfúrico del viento:
aquí tienes la paz que te destino,
agua y espacio de mi oceanía.
Dejo mis viejos libros, recogidos
en rincones del mundo, venerados
en su tipografía majestuosa,
a los nuevos poetas de América,
a los que un día
hilarán en el ronco telar interrumpido
las significaciones de mañana.
Ellos habrán nacido cuando el agreste puño
de leñadores muertos y mineros
haya dado una vida innumerable
para limpiar la catedral torcida,
el grano desquiciado, el filamento
que enredó nuestras ávidas llanuras.
Toquen ellos infierno, este pasado
que aplastó los diamantes, y defiendan
los mundos cereales de su canto,
lo que nació en el árbol del martirio.
Sobre los huesos de caciques, lejos
de nuestra herencia traicionada, en pleno
aire de pueblos que caminan solos,
ellos van a poblar el estatuto
de un largo sufrimiento victorioso.
Que amen como yo amé mi Manrique, mi Góngora,
mi Garcilaso, mi Quevedo:
fueron
titánicos guardianes, armaduras
de platino y nevada transparencia,
que me enseñaron el rigor, y busquen
en mi Lautréamont viejos lamentos
entre pestilenciales agonías.
Que en Maiakovsky vean cómo ascendió la estrella
y cómo de sus rayos nacieron las espigas.
Tal día como hoy, en 1973, moría Pablo Neruda en la Clínica Santa María de Santiago de Chile, después de haber sido privado de tratamiento por los militares golpistas y, probablemente, asesinado por médicos al servicio de la recién nacida dictadura. Os dejo este poema escrito en 1949, "Testamento", que refleja la dimensión fraterna del hombre que existía más allá del poeta.
del cobre, del carbón y del salitre
mi casa junto al mar de Isla Negra.
Quiero que allí reposen los maltratados hijos
de mi patria, saqueada por hachas y traidores,
desbaratada en su sagrada sangre,
consumida en volcánicos harapos.
Quiero que al limpio amor que recorriera
mi dominio, descansen los cansados,
se sienten a mi mesa los oscuros,
duerman sobre mi cama los heridos.
Hermano, ésta es mi casa, entra en el mundo
de flor marina y piedra constelada
que levanté luchando en mi pobreza.
Aquí nació el sonido en mi ventana
como en una creciente caracola
y luego estableció sus latitudes
en mi desordenada geología.
Tu vienes de abrasados corredores,
de túneles mordidos por el odio,
por el salto sulfúrico del viento:
aquí tienes la paz que te destino,
agua y espacio de mi oceanía.
Dejo mis viejos libros, recogidos
en rincones del mundo, venerados
en su tipografía majestuosa,
a los nuevos poetas de América,
a los que un día
hilarán en el ronco telar interrumpido
las significaciones de mañana.
Ellos habrán nacido cuando el agreste puño
de leñadores muertos y mineros
haya dado una vida innumerable
para limpiar la catedral torcida,
el grano desquiciado, el filamento
que enredó nuestras ávidas llanuras.
Toquen ellos infierno, este pasado
que aplastó los diamantes, y defiendan
los mundos cereales de su canto,
lo que nació en el árbol del martirio.
Sobre los huesos de caciques, lejos
de nuestra herencia traicionada, en pleno
aire de pueblos que caminan solos,
ellos van a poblar el estatuto
de un largo sufrimiento victorioso.
Que amen como yo amé mi Manrique, mi Góngora,
mi Garcilaso, mi Quevedo:
fueron
titánicos guardianes, armaduras
de platino y nevada transparencia,
que me enseñaron el rigor, y busquen
en mi Lautréamont viejos lamentos
entre pestilenciales agonías.
Que en Maiakovsky vean cómo ascendió la estrella
y cómo de sus rayos nacieron las espigas.
Tal día como hoy, en 1973, moría Pablo Neruda en la Clínica Santa María de Santiago de Chile, después de haber sido privado de tratamiento por los militares golpistas y, probablemente, asesinado por médicos al servicio de la recién nacida dictadura. Os dejo este poema escrito en 1949, "Testamento", que refleja la dimensión fraterna del hombre que existía más allá del poeta.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Rodeando el Congreso
El próximo día 25 de septiembre, la ciudadanía tiene una cita alrededor del Congreso de los Diputados. Salvados, al menos en apariencia, los intentos de la ultraderecha por canibalizar la movilización, debe quedar clara la intención de la protesta: la extraña manera de entender la actividad política por parte de una fracción de sus ejercitantes directos- es decir, los políticos en activo-.
La incompetencia de la clase política, en general, y la apatía de muchos ciudadanos hace necesaria una actitud más enérgica por parte de los sectores sociales más comprometidos. Dejo este cartel, espléndido, de @SaraGL_
lunes, 17 de septiembre de 2012
Lamentamos comunicarle que su perfil no se ajusta...
"Lamentamos comunicarle que su perfil no se ajusta..." es una frase que desde hace un año y medio leo y oigo con frecuencia. Lo hacemos casi seis millones de personas en este país. Es cierto que muchos de los demandantes de trabajo no tenemos un gran currículo académico, siendo la formación deficiente uno de los más importantes problemas de la población activa en España, por no decir el que más, junto con la falta misma de un empleo.
Nadie discute que vivir en una sociedad, tecnológicamente avanzada, implica elevadas exigencias para los trabajadores en cuestiones referidas a los conocimientos adquiridos y la experiencia en la aplicación de los mismos, pero me sorprende que esas exigencias no se den para los llamados a las más altas responsabilidades del Estado: presidentes del Gobierno, ministros, presidentes autonómicos, etc. A mí me parece importante que los miembros del gobierno, por poner un ejemplo, hablen correctamente inglés - sin discusión la lengua franca internacional, al ganar la partida al francés después de la II Guerra Mundial-; también sería recomendable que tuvieran soltura en el manejo de toda la panoplia de equipos y accesorios que han entrado, para no irse jamás, en nuestra vida laboral. Y aun personal.
También innegable es que vivimos en un país que no genera puestos de trabajo cualificados. Carece de industria y despreciar la investigación ( de hecho, el conocimiento en general) Entonces, no tiene mucho sentido seguir organizando la formación en torno a la idea de una sucesión de estudios de posgrado, para especializar a los universitarios en áreas de conocimiento inexistentes, fenómeno que tiene efectos perniciosos: se pierden recursos "evadidos" al extranjero, ya que aquellos que han obtenido un expediente brillante, tratarán de dar sentido a sus años de esfuerzo en otro país. El segundo efecto es que se acentúa, de manera irreversible, la convicción de que la formación "no sirve para nada", algo que es completamente falso en cuanto uno cruza la frontera. Cualquier frontera. No sirve aquí, porque no tenemos concordancia entre el sistema educativo y el mercado laboral.
Añado que nuestro indolente acervo nos impide estar por la labor de dar a las cosas del estudio, la importancia que tienen, por lo que hemos acabado por no respetarlas. Ni a ellas ni a los beneficios que reportan.
Un gran impedimento para la transformación del sistema, es que los posgrados se han convertido en un negocio rentabilísimo, y muy difícilmente van a renunciar a ellos los que tan dulce vida tienen que agradecerles. Quede claro que, normalmente, hablamos de personas con acceso al poder y sus aledaños. Esto último me parece esencial. El sistema público debería tener un mayor control sobre el amplio abanico de programas y cursos que se ofrecen sin más garantía en muchos casos que la de estar "impartidos", es un decir, por profesionales de prestigio.
Es necesario reformar la formación profesional más allá de las palabras bonitas y las ocurrencias de los ministros o consejeros de turno, dejar de considerarla el sitio donde se estudia " pa'mecánico" o similares.
Por último: la universidad no debería ser entendida como el instituto en el que acaban estudiando los listos o, simplemente, el instituto que sigue al instituto de la ESO y el Bachillerato; debería recuperar la condición perdida de centro de debate intelectual y motor de la sociedad, al que se accediera por estricto mérito académico. Este acceso debería quedar garantizado por un sistema de becas justo y generoso.
Nadie discute que vivir en una sociedad, tecnológicamente avanzada, implica elevadas exigencias para los trabajadores en cuestiones referidas a los conocimientos adquiridos y la experiencia en la aplicación de los mismos, pero me sorprende que esas exigencias no se den para los llamados a las más altas responsabilidades del Estado: presidentes del Gobierno, ministros, presidentes autonómicos, etc. A mí me parece importante que los miembros del gobierno, por poner un ejemplo, hablen correctamente inglés - sin discusión la lengua franca internacional, al ganar la partida al francés después de la II Guerra Mundial-; también sería recomendable que tuvieran soltura en el manejo de toda la panoplia de equipos y accesorios que han entrado, para no irse jamás, en nuestra vida laboral. Y aun personal.
También innegable es que vivimos en un país que no genera puestos de trabajo cualificados. Carece de industria y despreciar la investigación ( de hecho, el conocimiento en general) Entonces, no tiene mucho sentido seguir organizando la formación en torno a la idea de una sucesión de estudios de posgrado, para especializar a los universitarios en áreas de conocimiento inexistentes, fenómeno que tiene efectos perniciosos: se pierden recursos "evadidos" al extranjero, ya que aquellos que han obtenido un expediente brillante, tratarán de dar sentido a sus años de esfuerzo en otro país. El segundo efecto es que se acentúa, de manera irreversible, la convicción de que la formación "no sirve para nada", algo que es completamente falso en cuanto uno cruza la frontera. Cualquier frontera. No sirve aquí, porque no tenemos concordancia entre el sistema educativo y el mercado laboral.
Añado que nuestro indolente acervo nos impide estar por la labor de dar a las cosas del estudio, la importancia que tienen, por lo que hemos acabado por no respetarlas. Ni a ellas ni a los beneficios que reportan.
Un gran impedimento para la transformación del sistema, es que los posgrados se han convertido en un negocio rentabilísimo, y muy difícilmente van a renunciar a ellos los que tan dulce vida tienen que agradecerles. Quede claro que, normalmente, hablamos de personas con acceso al poder y sus aledaños. Esto último me parece esencial. El sistema público debería tener un mayor control sobre el amplio abanico de programas y cursos que se ofrecen sin más garantía en muchos casos que la de estar "impartidos", es un decir, por profesionales de prestigio.
Es necesario reformar la formación profesional más allá de las palabras bonitas y las ocurrencias de los ministros o consejeros de turno, dejar de considerarla el sitio donde se estudia " pa'mecánico" o similares.
Por último: la universidad no debería ser entendida como el instituto en el que acaban estudiando los listos o, simplemente, el instituto que sigue al instituto de la ESO y el Bachillerato; debería recuperar la condición perdida de centro de debate intelectual y motor de la sociedad, al que se accediera por estricto mérito académico. Este acceso debería quedar garantizado por un sistema de becas justo y generoso.
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