Todo el mundo recita
acompañado:
una guitarra, saxo tenor, chelo, piano,
mandolina;
recita sus versos
recita los ajenos,
todo el mundo recita.
El día nueve al médico de cabecera,
para pedirle pañales y Paracetamol.
El día veintinueve
a sellar el paro,
otra vez. De nuevo.
Todo el mundo recita
acompañado:
una guitarra, saxo tenor, chelo, piano,
mandolina;
recita sus versos
recita los ajenos,
todo el mundo recita.
Menos los que negocian
su entrada en el Gobierno
los que hacemos cola
para las recetas
los que hacemos cola
para sellar el paro
Todo el mundo recita
y las estudiantes
no llevan tacones,
ni los necesitan
Ellas no.
«General, vigile a su hija: ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo aún estaba de pie». Phillip Marlowe.
jueves, 28 de abril de 2016
martes, 26 de abril de 2016
Poesía - Jorge Arbenz
En aquellos días
tal vez un poco antes
noté la mirada displicente
de la vida
Con una
sonrisa apenas esbozada
extendía su brazo izquierdo
con el puño cerrado
(ahora sé que para despedirse)
y
separando el dedo pulgar señalaba
graciosamente hacia abajo
La vida tenía
para mi sorpresa
todos los rostros conocidos
tal vez un poco antes
noté la mirada displicente
de la vida
Con una
sonrisa apenas esbozada
extendía su brazo izquierdo
con el puño cerrado
(ahora sé que para despedirse)
y
separando el dedo pulgar señalaba
graciosamente hacia abajo
La vida tenía
para mi sorpresa
todos los rostros conocidos
viernes, 22 de abril de 2016
Quería ser de la gauche divine - Jorge Arbenz
Esta noche ha venido
la ciudad que amo.
Quiero creer que a buscarme.
Frecuentaba sus calles más turbias y
era feliz en ella, así lo recuerdo.
La amo desde mucho antes de esta noche,
desde antes de conocerla;
cuando la leí en Barral o Marsé, entre otros.
Quise, lo confieso, formar parte de la gauche divine.
Ella ha venido y yo dormiré,
otra vez, joven.
No toda la verdad queda en la memoria.
la ciudad que amo.
Quiero creer que a buscarme.
Frecuentaba sus calles más turbias y
era feliz en ella, así lo recuerdo.
La amo desde mucho antes de esta noche,
desde antes de conocerla;
cuando la leí en Barral o Marsé, entre otros.
Quise, lo confieso, formar parte de la gauche divine.
Ella ha venido y yo dormiré,
otra vez, joven.
No toda la verdad queda en la memoria.
miércoles, 20 de abril de 2016
La mirada - Eduardo García
Hay un dolor más hondo.
Hay una más profunda mordedura.
Un peor desenlace de tinieblas.
Una bala que acecha tus latidos.
Más allá del vaivén de los deseos.
Más allá de palabras sin orillas.
Más allá de la súbita desgracia.
Más allá del insomnio y la caída.
Mírale, ya llegó; es el desprecio.
No puedes sostener esa mirada.
Observa cómo escoge a quien más quieres.
Contémplate en sus ojos de verdugo.
Nos ha dejado Eduardo García, un poco más solos en un mundo un poco más feo.
Hay una más profunda mordedura.
Un peor desenlace de tinieblas.
Una bala que acecha tus latidos.
Más allá del vaivén de los deseos.
Más allá de palabras sin orillas.
Más allá de la súbita desgracia.
Más allá del insomnio y la caída.
Mírale, ya llegó; es el desprecio.
No puedes sostener esa mirada.
Observa cómo escoge a quien más quieres.
Contémplate en sus ojos de verdugo.
Nos ha dejado Eduardo García, un poco más solos en un mundo un poco más feo.
viernes, 15 de abril de 2016
La República de los maestros.
"De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza."
De "Apologia y petición", Jaime Gil de Biedma.
Unas horas caminando por el centro de mi ciudad, Barcelona, permiten contemplar las máscaras de la pobreza: carteristas, mendigos, manteros, limpiacristales o putas. Detrás de todas ellas, seres humanos con idéntico e inalienable derecho a una vida digna.
Dicen los señores del dinero que la crisis ha terminado, pero, frente sus irrefutables estadísticas, se alza la firme terquedad de los hechos o, como diría Eduardo Galeano, la existencia de los nadie.
Hace 85 años, una España más pobre que la de hoy, pero con la misma visión fatalista de la vida, se dolía por la corrupción de sus pudientes y la miseria de todos los demás.
Un grupo de intelectuales y políticos consiguió encender la conciencia apagada de los españoles, llevando la alegría y la esperanza a las calles, a las plazas. En uno de los pocos actos colectivos de soberanía que se le recuerdan, la ciudadanía dio vida a la República y forzó el exilio del rey ladrón, Alfonso XIII.
La República, muy prudente en sus procedimientos y objetivos, quiso redimir a España sacándola de los confesionarios para meterla en las aulas.
Desgraciadamente, más hecha para la dialéctica que para la guerra, la República no supo entender que los enemigos seculares de la libertad estaban resueltos a acabar con ella, fuera cuál fuera el precio que hubieran de pagar los españoles.
Cuando, en las últimas semanas de guerra, los fascistas se acercaban a Alicante, un grupo de maestros y altos cargos del ministerio de Instrucción Pública se organizaron para que, los niños y adolescentes que vivían en la ya exigua zona gubenamental, siguieran con sus estudios; existía la firme convicción de que la República podía perder la guerra, pero los muchachos y muchachas no podían perder el curso de ninguna manera.
Esta anécdota refleja, como pocas, el espíritu que prendió las última luces de España.
Honremos su memoria.
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