domingo, 4 de enero de 2015

El último héroe.

Mi último héroe se llama César Bona y es un maestro aragonés.
Los maestros están en lo más alto de mi escala de admiración porque padecí tantos malísimos que, en cuanto tuve uno excepcional, me di cuenta de la felicidad que pueden aportar a la vida de cualquier niño o adolescente. Desde entonces, cualquier buena noticia relacionada con ellos me produce una enorme alegría.

Estoy seguro de que en este país hay muchos maestros como César Bona, mujeres y hombres que deberían tener la consideración de héroes, como los bomberos o los médicos. Ejercen una profesión difícil en un país que tradicionalmente los ha despreciado, a ellos y a su trabajo. Salvo en el primer tercio del SXX, que culminaría con la obra extraordinaria aunque efímera de la II República.

Sobre las espaldas de los maestros se edificará un país nuevo de verdad, mucho mejor que el que tenemos ahora, pero es necesario que los ayudemos: mejores sueldos, mejor formación, mejores medios y mejor Gobierno. Siempre lo mejor que el país puede darles.

martes, 23 de diciembre de 2014

Poesía - Jorge Arbenz

Compra compra compra
feliz Navidad
respira come (poco)

compra compra compra

feliz Navidad
respira come (poco)
Compra compra compra

domingo, 7 de diciembre de 2014

El hombre imaginario- Nicanor Parra

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

martes, 2 de diciembre de 2014

Los necios y el fútbol (y II)

No siento alegría por la muerte de Francisco Javier Romero, "Jimmy", el seguidor deportivista muerto, ayer domingo, como consecuencia de la agresión que sufrió a manos de seguidores del Atlético de Madrid. Es lo que me pasa con los desconocidos, salvo contadas excepciones. Eso no impide que entienda el dolor de su familia, sus amigos, etc. Pero "Jimmy" no era un ejemplo de nada bueno, ni por su fanatismo absurdo ni por su trayectoria personal, y aquí no entro a valorar las circunstancias que le llevaron a conducirse de determinada manera en la vida.

No acierto a comprender cómo se le ha convertido en una suerte de mártir rojo, caído a manos de los enemigos de la clase obrera. Incluso miembros de algunas fuerzas políticas han organizado actos de homenaje a quien había traficado con drogas, participado en numerosas agresiones a seguidores de otros equipos y había maltratado a sus parejas.
Es un relato falso y absurdo, Romero era un hombre de 43 años que se rodeaba de chavales jóvenes, o muy jóvenes, e impresionables, para que ocultaran sus negocios sucios tras la devoción por un determinado equipo.

Todos están, ahora, preocupados y con firme propósito de enmienda, que se agotará en cuanto el tema abandone la primera página de los medios de comunicación.
Después, otros, en otros equipos, hechos con el mismo molde que Romero, provocarán que todos lamentemos una muerte o una agresión y bajemos la mirada, avergonzados. Hasta un nuevo olvido que ponga a cero la cuenta atrás.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Los necios y el fútbol (I)

Antes del partido entre el Atleti y el Depor, aficionados de uno y otro equipo habían tenido la sensata idea de citarse en los aledaños del Calderón, para molerse a palos los unos a los otros; "quedaron" a través de un grupo de Whatsapp. La cosa tiene, hasta aquí, su gracia cafre. Lamentablemente, uno de ellos (después de ser apaleado, acuchillado y arrojado al Manzanares por sus adversarios, rivales, enemigos o cómo narices quieran llamarse) ha muerto, otros varios están heridos de gravedad y el partido sigue jugándose a estas horas.

Si alguien se tomara la molestia de explicarles a estos chavales que los que les pagan los desplazamientos son los mismos que han dejado en paro a sus padres y a ellos sin educación ni futuro, tendríamos bastante ganado; también sería importante que entendieran lo poco que importan a los dirigentes deportivos que amparan sus fechorías, dado que no tienen inconveniente en que se juegue el partido, por ejemplo, como sí nada hubiera pasado.

Cuando acaben estos tiempos oscuros, será muy necesario sentarse a reflexionar sobre el camino que todos, como sociedad, hemos seguido para que una parte de nuestros jóvenes crean que matar o morir por un equipo de fútbol es heroico.