sábado, 26 de marzo de 2016

Bajo la lluvia

Nada envidio con más ganas que la fertilidad creativa y el dominio del lenguaje de alguno de mis escritores favoritos. Así, me gustaría escribir algunas líneas sobre Johan Cruyff, el hombre que nos hizo soñar, pero me quedaría un texto cursi, teñido de una emotividad primaria que prefiero evitar porque él no la merece. Otra posibilidad sería escribir algo sobre los atentados de Bruselas, tema inadecuado por su crudeza, en un texto de marcado carácter terapéutico.

A primera hora de esta tarde me he quedado dormido en el sofá, disfrutando de mi sueño favorito: soy un afamado director de cine y las jóvenes actrices beben los vientos por trabajar en mis películas.
El sueño ha acabado a causa de los bocinazos de alguien que llegaba tarde al Via Crucis, supongo.
He aprovechado la coyuntura para tomar una buena dosis del ansiolítico más eficiente y asequible que conozco: el paseo bajo la lluvia; optando, en esta ocasión, por las calles de mi barrio, tan cambiadas y cambiantes, como ha sucedido en otras partes: barrios antes obreros y ahora populares que, en pocos años, han visto la llegada y marcha de miles de nuevos vecinos. En el mío, sin ir más lejos, se han ido instalando muchos rusos, que van ocupando el lugar de los latinoamericanos que regresan a sus países, ahora relativamente prósperos.

Me he dirigido a la arteria principal, a lo largo de la que se derrama el barrio; en ella se acumulan comercios, tránsito y obra pública en vísperas electorales.
Alcanzado el ecuador de la calle, se encuentra una zona ajardinada agradable y de una cierta extensión; en su centro, a cubierto en un quiosco, estaba tocando un grupo de músicos callejeros a los que no acostumbro a prestar demasiada atención, pero estos, con un swing muy alegre, me han invitado a acercarme. Con la proximidad he reparado en los carteles que, a modo de escapularios, llevaba colgados uno de ellos, el de más edad. En el primero se podía leer: "Soy doctor en Físicas y licenciado en Filosofía, como se puede ver en las fotocopias de los títulos que siempre llevo conmigo. Hace unos meses decidí dedicarme a mi verdadera vocación: pasar frío y vivir del dinero que consigo honestamente en la calle... a cambio de sentir que soy músico las 24 horas del día."

Después de un largo rato escuchando buena música, he vuelto sobre mis pasos. En el camino a casa ha arreciado la lluvia, mientras yo, feliz, me imaginaba bailando como nunca lo hago: con gracia.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Poesía - Jorge Arbenz

Adiós
a los días felices que no conocí
a los amigos que se fueron
al aire frío de la mañana
a la primavera
al silencio durante la lluvia
a cualquier brizna de felicidad

Adiós

Sin demasiado rencor acabo
este breve poema de mármol
como un epitafio

Adiós
en un solo acto




domingo, 6 de marzo de 2016

Carol (Todd Haynes - 2015)

Pocas veces se sorprende uno tanto y de manera tan agradable en una sala de cine,  como cuando advierte que su creencia sobre la muerte del gran cine clásico es errónea. Absolutamente.

Carol es una película de los años cincuenta traída a nuestros días: la época en la que transcurre, su estética, su estructura, su atmósfera y, sobre todo, sus dos inmensas protagonistas. Cate Blanchett y Rooney Mara, se alzan hasta revivir la magia de la edad dorada del cine de la mano de un director que conoce su oficio a la perfección, y dirige a sus actrices con el pulso exquisito de los maestros: Cukor, Mankiewicz, Hawks o Sirk.
Haynes no dirige una gran película, dirige una obra maestra, un ejercicio impecable de narrativa, elegante, preciso, delicado, en el que todo y todos obedecen a un único propósito: la consecución de la belleza.
La historia de amor entre dos mujeres, basada en una novela de Patricia Highsmith, se desarrolla sin mojigatería ni excesos innecesarios, en gran parte debido al trabajo de dos actrices soberbias que bordan y matizan sus papeles; tanto el de joven dependienta Therese -Mara - como la madura y rica Carol -Blanchett-. Las protagonistas se desean, mucho, mantienen relaciones, muchas y, para alivio de todos y todas, no acaban fatal.

Recomiendo esta maravilla con todo el entusiasmo. Todo en ella merece la pena, desde la dirección a la música o la fotografía pasando por cualquiera de las cosas imprescindibles para dotar de trascendencia cultural a una película.
Vayan a verla, es casi un ruego de cinéfilo vuelto a la vida.




lunes, 22 de febrero de 2016

Orillas del Duero - Antonio Machado

Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.
Girando en torno a la torre y al caserón solitario,
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.
Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.

Pasados los verdes pinos,
casi azules, primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.

Entre las hierbas, alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!

Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía,
sol del día, claro día!
¡Hermosa tierra de España!

miércoles, 17 de febrero de 2016

Poemas irreverentes y reivindicación. Dolors Miquel.

El pasado día 15 de febrero, la poeta Dolors Miquel leyó un malísimo poema escrito sobre el "esqueleto" del padrenuestro.
El anticlericalismo en la literatura es una vieja tradición catalana, una tradición, de hecho, que entronca con la costumbre de protestar mucho y hacer poco, lejos ya de la "rosa de foc" que fue Barcelona, tan distinta antes al resto de Cataluña.

Miquel, poeta exquisita en obras como "La flor invisible", trasladó esa tradición anticlerical al acto de entrega de los premios Ciutat de Barcelona, para goce y disfrute del presidente del Grupo Popular en el ayuntamiento, Alberto Fernández Díaz, hermano del ministro del Interior, y conocido por su afición a los números circenses y a mear fuera de tiesto.

Como era de suponer, el ruido mediático ha enterrado la protesta legítima de Miquel contra la situación de la mujer en nuestra sociedad, a causa de la tradición misógina judeocristiana y del nulo interés político en resolver esta vergüenza insoportable, que cada año hace su siniestra aportación a las estadísticas de población.

Acabo manifestando mi solidaridad con Dolors Miquel, con la memoria de todas las mujeres asesinadas por razón de su género.
Los actos son nobles por su contexto y su intención, por tanto no cabe otra cosa, a mi juicio, que estar del lado de quien trata de defender la igualdad y la justicia con la palabra escrita, aunque su calidad literaria sea dudosa.