jueves, 19 de noviembre de 2015

Poesía - Jorge Arbenz

Con el café
cada mañana
soy testigo de la ternura
de dos muchachos

Se miran se hablan
pronuncian palabras que no tienen sentido
para nadie que no sean ellos
Sus oídos sus ojos sus manos sus voces
por y para ellos

Hoy he querido escucharles
llevado por la curiosidad
y la envidia Más cerca de ellos
en la mesa de al lado

El más alto le decía al otro
con la dulzura del amor recién
descubierto

Tócame Fóllame



domingo, 8 de noviembre de 2015

Poesía - Jorge Arbenz

Y ahora

alguien debe hablar de ello

mi asombro por esos
jóvenes
Traje corbata abrigo bufanda Casi adolescentes

con las manos
enterradas en los bolsillos

Aleteando torpemente los brazos

Esos jóvenes
condescendientes irrelevantes desganados

con las manos
enterradas en los bolsillos


de buena familia
de buena estampa
de buenos colegios

perfumados
miserables



martes, 13 de octubre de 2015

En memoria de Francesc Ferrer i Guàrdia.

Hoy se cumplen 106 años del fusilamiento de un hombre digno y honesto como pocos: Francesc Ferrer i Guàrdia, pedagogo y teórico anarquista que renovó el concepto de educación a través de la Escuela Moderna, centro educativo que impartía enseñanza inspirado en los principios de de la pedagogía libertaria (escuela laica, mixta, racionalista, moral y no represiva)
En sus apenas cinco años de vida, la Escuela Moderna sentó las bases de las reformas educativas que años más tarde emprendería la II República, también muy influidas por la Institución Libre de Enseñanza.
Tras los hechos de la Semana Trágica de Barcelona en 1909, Ferrer i Guàrdia, que se había ganado la aversión de la oligarquía por su constante rechazo de los privilegios que esta consideraba de origen divino, fue detenido y sometido a un juicio lleno de irregularidades que lo condujo ante el pelotón de fusilamiento. Huelga decir que Ferrer no tuvo absolutamente nada que ver con los hechos que se le imputaron; su muerte provocó una oleada de protestas en toda Europa, sin consecuencias prácticas para el régimen corrupto de la Restauración.


miércoles, 7 de octubre de 2015

El baile de Soraya

La política espectáculo se la podrán permitir, con reticencias y en todo caso, países con larga tradición democrática, en los que una ciudadanía consciente de sus derechos, no olvidará la exigencia a sus cargos electos ni confundirá el espectáculo con la política y viceversa, por muy estrecha que sea la relación entre ambas en más ocasiones de las deseables.

Desgraciadamente, no es el caso de la periferia sur de Europa: democracias endebles con ciudadanos instalados en la desidia, propia de quienes saben de la poca influencia que han tenido sus deseos en los asuntos de gobierno.
Ejemplos como el de Berlusconi, que cantaba, explicaba chistes y bailaba mientras robaba a manos llenas y permitía que lo hicieran sus jefes del crimen organizado, deberían alertarnos de que las sociedades políticamente inmaduras no pueden permitirse, de ninguna manera, caer en estas estrategias de mercado de objetivos siempre discutibles.

Entre nosotros la política espectáculo, de raíz anglosajona, quiere banalizar el ejercicio de poder, hacer llegar a los ciudadanos el mensaje de la poca importancia de la actividad política, que acaba convirtiéndose en una molestia de la que es mejor desprenderse, delegando a los terceros, los partidos políticos, toda responsabilidad en la gestión de los procesos de gobierno.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Fernando Trueba y su premio

Han provocado urticaria las palabras de Fernando Trueba en la entrega del Premio Nacional de Cinematografía, con el que había sido distinguido por su trayectoria profesional. Es algo que me ha molestado, pero que no me ha causado ninguna extrañeza.

Trueba, director sobrevalorado donde los haya, no hizo más que dar voz a los que nos sentimos perdedores de la guerra de la Independencia: ojalá hubieran ganado los franceses, y con ellos la escuela pública, el laicismo, el amor por la cultura, los grandes museos nacionales, etc.
El director, en efecto, dijo no sentirse español, no reconocerse en patria alguna; esta es una vieja batalla que algunos sostenemos ya sin esperanzas de victoria, aunque la terquedad sea un gran acicate.
Se le ha recriminado que reniegue de la nacionalidad y coja el dinero: es algo absurdo, él coge un dinero que le dan por un trabajo realizado sin cometer delitos, con independencia del valor cultural que merezca ese trabajo. Todos cobramos por nuestro trabajo o deberíamos hacerlo, eso no es incompatible con el sentimiento de ajenidad, incluso aversión, a una comunidad nacional. No es bueno mezclar las lentejas con las banderas. Llevados por ese criterio no podríamos formular crítica alguna al país que nos vio nacer o, en caso de hacerlo, no podríamos recibir ayuda o sueldo alguno aunque nuestra conducta cívica fuera intachable.

Las patrias no son sagradas, son convenciones que sirven para que los pobres les hagan las guerras a los ricos (he perdido la cuenta de las veces que he escrito esto mismo) y se ubican en la zona visceral de nuestro cerebro, incluso en las gónadas, nunca en la razón. En la Razón, que diría Robespierre.

Trueba tiene todo el derecho a satisfacer su ego con agasajos y dinero, mientras reniega mil veces de la patria que la casualidad le ha asignado. Yo le entiendo perfectamente: soy de unas pocas ciudades, de unas cuantas películas y, finalmente, de unas pocas patrias que ya no existen. No me pelearía por ninguna de ellas, no iría a ninguna guerra por ellas y, por supuesto, no le exigiría a nadie que renunciase a un premio por no compartir mis neurosis.

Añado, y concluyo con ello: lamento que un admirador declarado de Billy Wilder se haya visto obligado a alegar falta de entendimiento de sus palabras o en la intención y el tono con que fueron pronunciadas; lo lamento porque es una nueva victoria de los talibanes de cualquier patria; y, con toda franqueza, siempre preferiré a un tipo simpático que admira a Billy Wilder, antes que a unos chalados a lomos de sus banderas voladoras.