lunes 16 de enero de 2012

La calle es mía

La muerte de Manuel Fraga Iribarne, leal servidor de un golpista genocida  y uno de los políticos de más larga actividad de toda Europa, ha servido para dejar al descubierto buena parte de las vergüenzas de la Transición. Ésta no fue otra cosa que un acuerdo entre élites, para establecer un espacio político en el que todos sus miembros tuvieran cabida, disfrutando de privilegios que debían financiarse privando, al conjunto de los ciudadanos, de un verdadero progreso material y social; el que equiparase a España con los países más avanzados de su entorno. Aquel "modelo escandinavo" tantas veces nombrado, en vano, en los primeros años de la Transición - aquellos en los que la ciudadanía pensaba que la verdadera libertad era posible-.

Ahora sabemos que aquel proceso político, que nos quisieron hacer creer ejemplar, fue una gran mentira: los acuerdos que dieron forma política a la Transición no salen de las constituyentes de 1978, salen de los pactos de La Moncloa de 1977, que certifican un modelo económico basado en la precarización constante de las condiciones laborales de los trabajadores, como medio para controlar la inflación y asegurar el crecimiento económico, dogmas de la derecha triunfante, ahora llamada neoliberal. Este modelo perverso había de servir para que la oligarquía del régimen no perdiera ni uno solo de sus inmensos privilegios, simplemente debería compartir, algunos de ellos, con los advenedizos que mal formaban la llamada "oposición en la clandestinidad".
Los pactos se produjeron, como los acuerdos constitucionales, bajo la mirada de los generales al mando del ejército del 18 de julio, el que había acabado con la débil e idealista República - cuya legitimidad y dignidad reivindico sin matices, pese a todos los errores que cometieron sus gobiernos, que no fueron pocos-.
Quién no recuerda expresiones siniestras como " ruido de sables", o aquellos ejercicios de prestigio y necesidad que eran las invitaciones a los generales de peso, a la mesas más importantes del país. Por no hablar de las extrañas maniobras que determinadas unidades, acuarteladas en torno a Madrid, realizaban sin más orden que la del general al mando de las mismas. En esos huertos y no en  otros se cultivó la Transición.

Manuel Fraga, el ministro reformista del dictadura, como gustaba presentarse, fue una pieza esencial del engaño. Con esto admito que, sin Fraga, la Transición que conocimos no hubiera podido llevarse a cabo - tampoco sin Santiago Carrillo, otra figura siniestra por la que ya no podemos preguntar a Jorge Semprún- pero tal vez otra sí, tal vez mejor para los intereses del conjunto de la ciudadanía.

Puedo entender perfectamente el dolor de los familiares y allegados a Fraga por su muerte, sé lo que es perder a un padre, como tantos otros, y respeto el dolor ajeno. Pero este legítimo y comprensible dolor también era el de las familias de Julián Grimau, de Enrique Ruano, de los obreros asesinados por la policía en la iglesia de San Francisco de Asís, en Vitoria-Gasteiz. Fraga tenía las manos manchadas de sangre y su supuesta reconversión a la fe democrática no es suficiente para dejar de considerarle otra cosa que un canalla.
Cuando leo y escucho todas las hagiografías, a cargo de periodistas y políticos, solo puedo sentir vergüenza. Vergüenza y rabia porque seguimos en manos de los mismos amos, seguimos gritando aquello de " ¡ Vivan las caenas!". Siento vergüenza y rabia porque la dimensión del engaño al pueblo y la cantidad de gente que de él se ha beneficiado, a expensas de sus compatriotas, son enormes. Y no somos capaces de decir basta.

12 comentarios:

Alena. Collar dijo...

No podrías haberlo dicho mejor. Subscribo hasta el punto final.

marivi aguado dijo...

Hoy podría ser perfectamente el día que la mayoría de la clase política de este país perdió la dignidad y la memoria histórica quedo enterrada.

Jorge Arbenz dijo...

Suscrito queda. ¡ Salud y República!

Elena Casero dijo...

Al final todos son mentiras. En estos momentos lo unico que se busca es quedar bien. Punto pelota.

No lo has podido describir mejor, Jorge

Salud y República si puede ser.

Jorge Arbenz dijo...

Bueno, la clase política se dejó la dignidad en algún sitio hace ya mucho, pero hay han quedado en evidencia como muy pocas veces antes.
En lo de la memoria te doy absolutamente la razón, es un día terrible, el de la estocada definitiva.
Saludos cordiales y un abrazo, compañera.

Jorge Arbenz dijo...

Salud y República siempre, Elena,siempre.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Resulta muy triste comprobar que no haya entre nuestro gobernantes nadie con la valentía y claridad de ideas como tú, Jorge, que nadie se atreva, y lo que s peor, ni siquiera piense en la distinción entre una cosa y otra, la persona, (como cualquier ser humano querida por sus allegados) y el hombre político...que aún sigo sin entender cómo podía seguir campeando a sus anchas.
El mérito de la transición sólo es explicable históricamente desde posiciones más lejanas a las nuestras. Un país como éste, no ya con 40 años de dictadura a sus espaldas, sino con toda una debacle desde casi su más tierna infancia, pienso que necesita más de treinta años (los que llevamos de democracia) para reeducarse.
pero ya a estas alturas, y con los medios de conocimiento existentes todos casi ya comenzamos a tener la culpa de si todo no va a mejor, pienso, Jorge.
Mientras más sigamos echando culpas, a estas alturas, señal de que más conciencia de esclavos tenemos, y a mí, la verdad, no hay "caenas" que me amarren, ni la del hambre (y aún menos las ganas de un piso en propiedad, un coche o unas vacaciones en la playa).
Como siempre, un placer leerte, Jorge.
Un beso

Tomás Rivero dijo...

Coño, Jorge creía que el "trosko" era yo. Me has sorprendido gratamente.
Tenemos que quedar un día para entrar en pelos y señales. Lo digo porque todo lo que cuentas, un servidor estaba presente. Los pelos y señales son para descojonarnos de tristeza.

Es cierto que los echos son los echos y te los cuentan, y forman parte de la historia. Vale. Pero poder vivirlo es una pasada. Nadie se puede imaginar el mangoneo del PCE con la clase obrera de este país. Había que verlos día a día en todas partes del tejido social de este país, allí dónde intervenía un comunista del PCE. Era patético.
Y no te digo nada cuando les "ordenaron"· defender en las agrupaciones y en los sindicatos y en las fábricas y en las asociaciones de vecinos, y en los bares, los putos Pactos de la Moncloa. Nos partimos las caras con ellos en alguna ocasión. Literalmente.

Quiero decirte que tu texto es muy bueno, conciso y certero. Muy bueno.

Enhorabuena y un fuerte abrazo.

Jorge Arbenz dijo...

Sofía:
Gracias por tus palabras. Estoy seguro de que hay mucha gente con "ideas claras", el problema es la dificultad para encontrar medios de difusión y mensajeros adecuados. Yo no quisiera hablar de culpables, pero sí de responsables directos cuando me refiero a una ciudadanía apática, salvo excepciones muy honrosas. Tanto como aisladas. Esa es la verdad.
Besos y buenas noches.

Jorge Arbenz dijo...

Tomás:
En primer lugar me permitirás que dé la bienvenida a mi blog y, en segundo, que te agradezca tus palabras.
Yo milité en las juventudes del PSUC, que era la organización comunista en Cataluña durante no mucho tiempo, pero suficiente para contemplar muchos de los mangoneos que citas, la completa ausencia de democracia interna, las escaladas al poder de algunos, el oportunismo, etc. Hace que, como mi admirado Fernán Gómez, creo que la única ética posible es la libertaria y que cualquier poder es fuente de opresión y corrupción.
Estamos muy lejos del ideal anarquista y demasiado cerca del infierno neoliberal. Esa es la única verdad.
¡ Salud y República!

Sofía Serra Giráldez dijo...

Ahí, ahí es donde yo me veo, jorge, en el ideal anarquista, y donde nos veo... aunque no nos dé tiempo para contemplarnos, jeje.
Es el mientras lo que entorpece a la vez que lleva a, por eso le hago ascos a todo lo que sea "nomenclatura" de algo, todo lo que sea ceñirse, circunscribirnos (partido político por ejemplo) limitará la posibilidad de ese anarquismo ideal. Y no es un no mojarse en nada, sino más bien lo contrario, mojarse en todo, desde lo más pequeño a lo más grande, con ideas básicas claras más o menos, claro, igualdad, hermandad, contemplación del tú antes que del yo, ponerse en el lugar de, la única forma de eliminar el miedo, el único camino para una reeducación de toda la especie...¡casi ná!...:)
Bueno, buenos días, disculpa por mi verborrea, pero me levantó el corazón verte nombrar el anarquismo, ;)
Besos

Jorge Arbenz dijo...

En primer lugar pido disculpas por lo mal escritas que están algunas respuestas, será cosa de las prisas.
Después:
Sofía quedas disculpada, esperemos que los ideales anarquistas se impongan por la fuerza de la razón.
¡ Salud!